El nuevo milenio trajo consigo
nuevas formas de lenguaje y comportamiento que hace solo quince años eran
prácticamente inexistentes e impensables, una de estas nuevas alternativas de
comunicación son las famosas “selfies”, que básicamente son auto retratos
tomadas con un teléfono móvil en las más diversas poses y circunstancias, la
fiebre de estos ha llegado a tal extremo que en diversos países, en
especial de occidente ya es considerado un trastorno obsesivo compulsivo.
Las selfies son una representación exacta de una sociedad hedonista e
indiferente, que solo se complace con la autocontemplación, por ende su entorno
le es indiferente, aburrido y hasta inexistente, de otra manera no se podrían
comprender los autoretratos tomados en medio de desastres naturales o
desgracias con sonrisas de por medio, ignorando prácticamente el dolor humano.
Al estar la juventud inmersa en
una sociedad autorreferencial y excluyente, necesitan a gritos encontrar
espacios para que estos sean reconocidos, para no sentirse tan solos, abandonados y para que alguien los escuche, no importa como, pero que los
escuchen, de esta manera las “selfies”
han ido evolucionando con el paso del tiempo, ya no son solo auto retratos, ahora vienen con algún tipo
de leyenda filosófica de bolsillo, con ello piden a gritos un poco más de
atención y de cariño, básicamente buscan el reconocimiento de su
entorno, pero para que esto suceda explotan al 100% su sensualidad, es decir,
mientras la “selfie” sea más
provocativa más importante es la leyenda que se le adjunta y por ende tienen
más “likes” en sus distintas redes sociales. De esta manera la cultura
individualista existente en este siglo 21 esta llevando a tres generaciones a
desenvolverse en medio de desiertos y tristezas acompañadas de una “selfie” con bastoncito incluido y con
el sello de alguna aplicación para teléfonos móviles.
Pero que pasaría si los jóvenes
pensaran en sacarse una “selfie” con
DIOS, para empezar creo que se pondrían un poco más de ropa para salir de
manera apropiada en la foto en cuestión, no buscarían la mayor cantidad de “likes” posibles, ya que por el simple
hecho de estar en un retrato con DIOS su corazón ya no necesitaría aprobación
de nadie, por lo menos eso seria en el ideal de DIOS, pero si seguimos por este
camino de auto idolatría y de egocentrismo al por mayor no dudo que las
“selfies” serian a los pies de la
Cruz o en el camino al
Monte Calvario, con sonrisas entupidas y con frases como “siguiendo a Jesús en su camino de
sufrimiento, pero con una sonrisa”.
Escribo todo esto porque el
egocentrismo e individualismo de nuestra sociedad es tan grande que ya no se ve
en el otro a un ser humano, ya no se reconoce al prójimo, se lo ignora,
pareciera que vivimos en una humanidad vacunada contra el dolor, donde lo único
que importa es el YO y donde el TU sale sobrando.
Sigo pensando que las “selfies” son solo un síntoma más de una
sociedad vanidosa que reconoce lo superficial como bello y relativiza lo importante
o trascendente.
Deberíamos empezar a mirar más al
otro y fijarnos menos en nosotros mismos, solo así vamos a poder desarrollar
toda nuestra capacidad de amar y trascender, el egocentrismo de nuestra
sociedad se esta convirtiendo en indiferencia que esta matando a miles de
personas alrededor del mundo, pero esto pareciera no tener la importancia
necesaria frente a nuestra inmensa vanidad.
Insisto, las selfies son un síntoma más de nuestra sociedad enferma y decadente
que se empeña en construir castillos de arena alrededor del ser humano, condenándole al engaño, a la soledad y a la mentira.