La rapidez con la que la sociedad actual se desenvuelve no permite que el ser humano se tome un respiro para pensar, meditar o rezar, el tiempo es dinero y con este se quiere comprar vida. El ritmo de vida acelerado y sin pausa que exige el éxito y la fortuna no solo desgasta el cuerpo sino también el alma, el tiempo se convierte en un enemigo a vencer donde los minutos con su caminar constante van carcomiendo poco a poco la paciencia y la voluntad humana. La prisa y la codicia hacen presa fácil del corazón humano, la rapidez de una sociedad acostumbrada a lo inmediato nos quieren hacer creer que la paciencia y la prudencia no son compatibles con los tiempos actuales, que lo mejor es vivir a toda prisa y sin pausa. Para lograr vivir la vida a plenitud es necesario darse una pausa en el camino, reservar un tiempo todos los días para encontrarse con DIOS y con uno mismo resulta imprescindible para no caer en las tentaciones y excesos que nos ofrece una sociedad ...
Espacio de opinión con un toque de Fe, de Marcelo Miranda Loayza