viernes, 10 de marzo de 2017

POR LA SALVACIÓN DE MUCHOS

Los preceptos éticos dentro de una sociedad relativista son como pequeñas gotas de agua en un inmenso mar de óleo, es decir, pasan desapercibidos, son los gritos del profeta que grita en el desierto. 

Cuándo la ética y la moral son alejados de la vivencia diaria en sociedad, fácilmente el ser humano cae presa de su propia ambición, se destruye a si mismo y deja de valer por la vida y por el prójimo. 

De manera mentirosa y abusiva se pretende hacer creer que el ser humano no tiene límites, que lo único verdaderamente importante es satisfacer las necesidades individuales, bajo esta falsa premisa se valida todo, desde el alcoholismo hasta el aborto. 

El cristianismo en este sentido no tiene cabida dentro de una sociedad relativista y por ende debe ser reemplazando por creencias que vayan más en concordancia con los tiempos actuales, DIOS es reemplazando por dioses a la carta, sin ninguna carga ética o moral, son simples sombras en la oscuridad carcomiendo el corazón y el alma del ser humano. 

Es por esta razón que la IGLESIA no puede, por más llamativo que parezca, dejarse llevar por los tiempos actuales, si bien la actividad pastoral propia de  la IGLESIA es abrir las puertas del perdón y de la misericordia a todos aquellos que la busquen, no se puede avalar hechos moralmente inadecuados. 

El mandato de la IGLESIA es claro, anunciar y denunciar, el llamado a la conversión es generalizado, pero debemos comprender y entender que este anuncio no es aceptado por todos, que una gran parte de la humanidad simplemente le dan la espalda para seguir sus propios caminos, si bien la IGLESIA debe “primeriar” su salida a las periferias humanas, no puede y no debe dejarse llevar por las corrientes actuales que avalan todo, acá toma una relevancia importante la conversión y el arrepentimiento, sin los cuales la vivencia coherente del EVANGELIO es imposible. 

Las puertas de la IGLESIA si bien deben permanecer abiertas para la salvación de todas y todos no se puede llegar a olvidar que la misericordia va de la mano del arrepentimiento, no actúa a sola proposición, es condicionada a la conversión, DIOS es misericordioso pero no es tonto. 

Por la salvación de muchos ( no te todos) fue derramada la SANGRE DE CRISTO, desconocer esto a título de misericordia es ir en contra del mismo EVANGELIO, el mensaje es claro, DIOS llama a todos, pero no todos lo aceptan. 

La misericordia y el perdón van de la mano de la conversión, sin ella ambos preceptos caen en un relativismo vacío lleno de falsas promesas. 







compartir en facebook compartir en google+ compartir en twitter compartir en pinterest