martes, 26 de mayo de 2015

SAN ROMERO DE AMERICA…RUEGA POR NOSOTROS

Tengo un puñado de Santos dentro de la Iglesia Católica a los cuales les tengo un especial cariño, ya que con su vida y ejemplo no solo alumbraron el camino de la FE sino que en muchos casos ayudaron a construir un sociedad más humana y solidaria, entre “mis favoritos” tengo al Padre Pío, La Madre Teresa, al Padre Maximiliano Kolbe, San Judas Tadeo y a Santa Teresita de Jesús, definitivamente la santidad es uno de los grandes aportes del catolicismo para toda la humanidad.

Dentro de las personalidades de la Iglesia Católica Monseñor Óscar Arnulfo Romero es una de las más inspiradoras no solo dentro de un camino de Fe ya que la vida y el ejemplo de Monseñor Romero fue tan grande que trascendió a todos los aspectos de la vida humana, anunciando y denunciando como buen profeta, pero por increíble que parezca la canonización de Monseñor Romero fue largamente relegada por posiciones políticas que poco tiene  que ver con la santidad, pese a ello Latino américa toda ya llevaba en su corazón a San Romero de América.

Para muchos seguramente Monseñor Romero no fue más que un simple agitador izquierdista que apoyaba a la guerrilla salvadoreña, que su vida en si no es merecedora de santidad y que su llegada a los altares solo se debe al deseo equivoco del actual pontífice que esta llevando a la Iglesia a un camino más permisible, por lo general este tipo de pensamiento va ligado a un desconocimiento alarmante del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia,  muchos todavía prefieren una Iglesia llena de personas puras y dignas, es decir una Iglesia de pocos, de “buenitos”, una Iglesia exclusiva construida sobre mentiras e hipocresías.

A continuación transcribo su homilía preparada para el Domingo de Ramos de 1980, un día antes de su muerte:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

El lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Sagrada Consagración. Tenía 62 años.

Definitivamente Monseñor Romero ocupa un lugar privilegiado entre los Santos de nuestra Iglesia, un mártir de la FE, un profeta de DIOS, un custodio del Evangelio. La beatificación de Monseñor Romero es un “signo de los tiempos” que nos muestra claramente el camino que esta tomando nuestra Iglesia, más coherente, más reflexiva y más inclusiva, defensora de la justicia y de los pobres. Sin duda Monseñor Romero fue un mártir de la Iglesia y de los pobres, por ello, con el corazón alegre y lleno de FE podemos suplicar SAN ROMERO DE AMÉRICA, RUEGA POR NOSOTROS.