miércoles, 4 de diciembre de 2013

UN TAL RICARDO FORT …(ídolos falsos de una sociedad falsa)

Hace un par de semanas regresando a mi casa a eso de las 22.00 a la altura de la Av. Del Poeta observe atónito el cuerpo si vida de un muchacho que al parecer acababa de suicidarse lanzándose del Puente de Las Américas, su cabecita estaba destrozada y la sangre espesa estaba regada en el asfalto, solo un bombero se encontraba desviando el trafico, ver esta imagen me rompió el corazón, por un pequeño instante (no se porque) pude sentir toda la angustia y el dolor de este muchacho, mi corazón prácticamente se quebró, solo pude orar pidiendo al CREADOR que en su inmenso amor lo reciba en su GLORIA. A la mañana siguiente quise saber un poco más sobre este muchacho, busque en Internet, en los matutinos, estuve atento a todos los noticieros de la televisión y en ninguno de ellos se hizo alusión sobre lo acontecido con este joven, simplemente lo obviaron y eso que los noticieros acá en Bolivia se asemejan más a una crónica roja que a un informativo, no supe quien fue este muchacho, solo que se fue de una manera trágica, sin amor y sin esperanza en su corazón.

Al principio no entendí porque a nadie le importaba la pérdida de una joven vida, luego caí en cuenta y lo comprendí, justo esa mañana había fallecido un tal Ricardo Fort, los noticieros se volvieron locos informando casi al vivo los pormenores de este deceso, se hablo y escribió de ello por días, por lo menos yo todavía seguía sin saber quien era Fort, hasta que vi un reportaje sobre el en la televisión argentina, donde se hablaba de su vida, millonario empresario del chocolate con más de 28 cirugías plásticas encima, se cambio prácticamente todo, desde su estatura hasta su rostro, por sus excentricidades el mundo de la farándula lo amaba.

Me quede pensando el porque una vida de excentricidades al parecer valía más que la vida de un joven anónimo,  la respuesta fue simple de hallar, vivimos en una sociedad mediática donde es fácil construir ídolos falsos, donde el dinero puede hacer casi cualquier cosa, la fama lograda a cualquier costo (aun a costa de la vida misma) es la meta a lograr, drogas, alcohol, sexo desenfrenado son tomados como parámetros dignos de ser idolatrados y apreciados, los que logran poseer estas características son prácticamente alabados como los nuevos dioses de la sociedad consumista y hedonista del siglo 21 donde no hay espacio para la honradez, la solidaridad y mucho menos para la FE.

Para una sociedad egocentrista el éxito debe ser alcanzado a cualquier costo sin importar el como, de la misma manera destroza y descalifica a quienes no alcanzan dicho exito, miles de jóvenes pierden la vida año tras año por ser descalificados por su simple forma de ser, los juzgan y los condenan sin siquiera interesarse en lo mas mínimo en sus vidas y sueños, en sus anhelos y tristezas, pero de todos modos son juzgados y condenados a ser un estorbo desechable y es que vivimos en una sociedad de descarte donde a los olvidados cada vez se los olvida más.

La vida de aquel muchacho por lo menos para mi no paso desapercibida, jamás lo conocí, no supe ni su nombre ni su edad, solo que por alguna razón decidió irse de este mundo antes de tiempo,  lastimosamente existen muchas vidas que se pierden por el simple hecho de no encontrar su espacio en una sociedad depredadora y envidiosa, la misma que se empecina en crear falsos ídolos que encandilan la visión del ser humano, haciéndonos creer que eso que brilla es el éxito, sin darnos cuenta que en muchos casos tal brillantes solo nos arrastra hasta el fracaso, la soledad y hasta la muerte.

Con todo esto no quiero decir que una vida vale más que la otra ni mucho menos, pero si, que quede claro, que esta sociedad postmoderna y enfermiza si se encarga de diferenciar la vida de aquellos que tienen dinero, para esta no solo valen más, sino que importan más y aunque no crean a toda esta desfachatez ahora le llaman progreso, siendo claro y conciso ya para terminar, una sociedad sin DIOS es una sociedad muerta, el que tenga oídos que oiga.