lunes, 25 de abril de 2011

Y JESÚS LLORO.....


Y JESÚS LLORÓ (Jn. 11,35), es el versículo más pequeño de toda la Biblia, pero encierra una riqueza enorme dándonos lecciones enormes sobre el mensaje de CRISTO.

El llanto de JESÚS no fue un llanto vacío, momentáneo y sin sentimientos, fue un llanto profundo, sentido y lleno de amor, si hasta los judíos se sorprendieron de ello, ya que las lagrimas que ESTE derramo traían consigo una carga emocional que trasciende inclusive el momento mismo en que se derramaron estas lagrimas, recordemos que este pasaje bíblico se da en el instante en que ve la tumba de su amigo Lázaro, llora no solo porque siente lo mismo que nosotros al perder a un ser querido, llora también porque ya presiente que su hora se acerca y por ende EL sufrirá los embates de la tortura y de la muerte, pero principalmente llora por amor, un amor que se propaga en el tiempo hasta lo infinito.

Muchos todavía no pueden concebir a un DIOS que llora ante algo que tendría que resultar simple y hasta insignificante como es la muerte, por esta misma razón 21 siglos después el mensaje de JESÚS en los Evangelios es incomprensible para muchos y hasta inaceptable para otros ya que nuestra sociedad sigue buscando a un Dios poderoso que de un rayo haga desaparecer de una buena vez toda la maldad del mundo.

La encarnación de JESÚS es una muestra de humildad y de amor tan grande, que DIOS mismo se esconde detrás de esta, no con el afán de desentenderse de las aflicciones de la humanidad, sino más bien para compartirlas y vivenciarlas en carne propia, por eso llora JESÚS, porque siente la misma tristeza y dolor que nosotros sentimos cuando nos encontramos afligidos y tristes y no solo eso, siente en carne propia la injusticia y el engaño, ya que solamente de esta manera se podía restablecer una relación plena con DIOS, es decir con el sacrificio de su Hijo Unigénito. Al ser el mismo DIOS el que mando a su propio HIJO no podría caber una vía diferente al de la entrega, al del AMOR, otro rumbo significaría hacer trampa en el camino de salvación, por ende un MESÍAS guerrillero y violento no tendría coherencia con el mensaje de CRISTO, ahora bien esta entrega y este amor de JESÚS no significa que ESTE no haya sido un revolucionario para la época, pero jamás utilizando la violencia como medio de liberación, ya que EL mismo señalo “que todo aquel que se sirva de la espada por su propia autoridad a espada morirán” (Mt. 26, 52).

Y JESUS LLORÓ, pero este llanto en ningún momento demuestra debilidad, todo lo contrario, demuestra entereza, coherencia, adhesión y por sobre todo AMOR, un amor activo, que no se queda en el simplismo ni el sentimentalismo, es un AMOR que lucha, que denuncia y anuncia, que libera sin caer en la tentación de la violencia y del rencor, por eso las lagrimas de CRISTO son mucho más fuertes que cualquier bala o espada que se pudieran utilizar.

Un poco más adentrados en el EVANGELIO, encontramos a un JESÚS afligido, preocupado, triste al extremo de sudar gotas de sangre (Lc. 22, 44), otra vez vemos a CRISTO sufrir, entregándose a si mismo, nuevamente no entendemos como EL HIJO DE DIOS, prefiere el camino del sufrimiento y de la entrega al de la sublevación armada, nuevamente nuestra mentalidad inmediatista y resultadista vuelve a jugarnos una mala pasada, no comprendemos el sacrificio de CRISTO, por ende equivocadamente pensamos que cada vez que “pecamos” o cometemos alguna falta volvemos a crucificar a JESÚS, y eso es totalmente falso y erróneo.

Las lagrimas y sufrimientos de JESÚS fueron tan profundos y sinceros que trascendieron a la eternidad, es decir que se volvieron eternos, se prolongaron en el tiempo y en espacio, y es que para aceptar ese nivel de sacrificio y entrega EL AMOR puro de CRISTO fue tan fuerte que nos envolvió a todos y a la vez nos ilumino y salvo de la oscuridad.

Y JESÚS LLORÓ, y fueron suficiente sus lagrimas y su entrega en la cruz para que nosotros podamos alcanzar la plenitud en DIOS, por ende lo que para nosotros a simple vista pareciera debilidad en realidad es fortaleza ya que la humildad y la entrega acompañados de una coherencia de vida dan como resultado la eternidad.

Y JESÚS LLORÓ, y fue por nosotros, mas que entenderlo es hora de aceptarlo.

"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Jn. 3, 16)


Nada te turbe,
Nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.
(Santa Teresa de Jesús)