jueves, 2 de diciembre de 2010

UNA NOCHE MAGICA



A principios de la década de los 80 en Bolivia se vivían los resabios de varios años de regimenes dictatoriales los cuales habían dejado al país en bancarrota, encima de ello se sumaba la pésima administración publica del gobierno democrático de la época, en resumidas cuentas el país estaba sumido en una hiperinflación del casi 1000%, escaseaban los productos de primera necesidad, las colas eran inmensas para conseguir un poco de pan, por ende pensar en una navidad llena de regalos, luces y esperanza era casi imposible, se vivían tiempos difíciles y esto se reflejaba en el diario vivir del común de la gente.



En mi casa la celebración de la navidad empezaba un mes antes, mi mama y yo adornábamos la casa con motivos navideños, me encantaba realizar esta tarea con ella por dos razones, porque veía en sus ojos una ilusión de esperanza, de fe y de amor al adornar toda la sala, eso es y sera algo que me emociona hasta lo más profundo y es que en aquella época estábamos creando una hermosa tradición navideña, la cual mantenemos hasta el día de hoy, ya pasaron más de 30 años y adornar el pesebre navideño sigue mi tradición favorita, esa reverencia y ese amor hacia el HIJO DEL DIOS VIVO definitivamente me lo inculco mi mama sin ella saberlo.

La celebración de la noche buena se aproximaba sabíamos bien que no habrían regalos ni mucho menos, pero eso si, en mi casa nunca falto la FE y la alegría de vivir, los preparativos para la navidad comenzaban temprano, mi abuelita acostumbraba prepararnos para el desayuno un tradicional API con Buñuelos (comida típica boliviana), a mi me encantaban y los esperaba con ansias, ya desde tempranas horas de la mañana se podía sentir el olor particular del rico desayuno que nos preparaba mi abuelita, ni bien terminábamos de desayunar se comenzaba con la preparación de la cena de noche buena, acá en Bolivia acostumbramos a cenar picana, la cual es una sopa con carne de pollo y de res, la misma coaccionaba a fuego lento en una pequeña hornalla a carbón o a kerosene, esto le daba un sabor peculiar, exquisito, recuerdo bien que en algunas oportunidades me escabullía por ahí para agregarle a la comida en cuestión una buena porción de pimienta negra. El encargado de que en mi hogar nunca faltase nada fue mi abuelito, un militar recto y honrado el cual con su trabajo nos dio los recursos necesarios para sobrellevar los momentos difíciles que atravesaba mi país, gracias a el nunca nos sobro nada pero tampoco nunca falto nada


Nosotros (mi mama, mi hermano mayor y yo), vivíamos en la planta baja de mi casa, en el segundo piso habitaban mis tíos y mis primos, mi tía en particular una señora de piel blanca como el papel y de ojos claros era de nacionalidad portuguesa, ella al ser europea también nos regalo lindas tradiciones navideñas, la que más recuerdo es sin duda el delicioso ponche que preparaba a base de frutas y singani (bebida fermentada a base de uva) tenia un aroma tan delicioso que nadie podía negarse a probarlo, una navidad sin ponche no era una navidad completa.


Ya al llegar las doce de la noche, antes de los abrazos y de los brindis mi abuelita felizmente nos acostumbro a orar y dar gracias DIOS por el regalo más grande jamás dado: Jesús Niño, luego la picana tan esperada por todos, sin lugar a duda la navidad en mi infancia se convirtió en una noche mágica de amor y de fe.


Hoy, tres décadas después se sienten las ausencias de mis abuelitos (Tati y Loli) y de mi tía que ya gozan del AMOR TOTAL en la vida eterna, la de mi hermano con su familia  que radican en el extranjero, ya no vivimos en aquella casa de dos pisos en Sopocachi (barrio tradicional de la ciudad de La Paz) cada uno ya en diferentes hogares y con sus propias familias, pero donde estemos el regalo de amor que aprendimos de pequeños jamás se nos olvidara, ya que la navidad sigue siendo una NOCHE MAGICA DE AMOR Y DE FE.


FELIZ NAVIDAD…