No son pocas las veces en que la vida nos pone en la encrucijada entre perdonar y vivir o seguir sintiendo rencor y morir, perdonar nunca resulta fácil, el dolor y la frustración que siente un corazón roto no sanan de la noche a la mañana, la agonía que lleva consigo una herida en el alma no se cura con una aspirina, duele porque importa y porque importa duele. En todo caso, el primer paso para curar el alma es dejar pasar el rencor, es decir, que no se apodere de nuestro corazón, el odio o el resentimiento siempre van a generar un sentimiento de desconfianza, lo cuál llega a encerrar al amor y al perdón en una especie de caja fuerte, la soledad se apodera de la vida, ahogándola en un mar profundo de tristezas dónde el rencor busca su revancha. Es imposible llegar a pensar la vida sin caídas y decepciones, son parte esencial de la vida sin las cuales el madurar no sería posible, salvar estas pruebas es como templar el acero, el cual sólo alcanza su dureza al calor del fueg...
Espacio de opinión con un toque de Fe, de Marcelo Miranda Loayza