jueves, 24 de diciembre de 2009

FELIZ NAVIDAD…. desde Bangassou, África


Juan José Aguirre Muñoz, obispo de Bangassou en la República Centroafricana, mas conocido como el obispo de los pobres, escribe esta pequeña carta, en la cual, nos muestra el verdadero sentido de la llegada de Jesús a la tierra, léanla, reflexiónenla y disfrútenla, porque entre sus líneas, se encuentra la esencia de la Navidad: "Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros!. (Juan 1, 14):

“Les escribo desde la selva, en una noche estrellada, a 120 kilómetros de Bangassou; llegamos ayer por unas pistas muy difíciles para el coche y para el chófer. Después de un día de trabajo apostólico en esta capilla que se llama Ngaligiwé, después de visitar la comunidad, rezar con ellos, saludar en la escuela rural, pensar en el futuro y rezar el rosario, nos han preparado un pollo y hemos cenado a la luz de la luna. El Señor también gastaba sandalias y comía lo que le preparaban predicando la Buena Nueva.

Veo a mi gente contemplando el mismo Misterio con la noche un poco más calurosa, vueltos hacia la Sagrada Familia de Nazaret entre el buey y la mula. Pero mis pastores son diferentes, aunque Jesús sea el mismo. Porque al lado de San José se ha sentado la vieja Filomena, cansada de bregar con sus cinco nietos, porque desde que murió su hija y dejó los críos huérfanos se ha aviejado un montón. Y mira al Niño del pesebre y piensa: otro más a quien mirar, pero éste no pesa. A su lado está Solange, enferma de SIDA hasta los huesos, que mira a la familia unida del pesebre y piensa qué pasaría si José la tomara a ella como segunda esposa, aunque esté en fase terminal, sólo para sentir la misma mirada dulce que está poniendo sobre María. Detrás de la mula se esconde Jean Bosco, minusválido a consecuencia de graves quemaduras que le deformaron el rostro y que está recién operado por un doctor en Bangassou. Mirando a Jesús se pregunta si el injerto de piel que le han hecho le dará la misma tersura de la piel de ese niño en el pesebre. A su lado está Aude, la directora del orfanato que tiene veinte bocas que alimentar, y más allá está Tania con su bicicleta nueva recién llegadita de Córdoba, y de rodillas está Jean Noël, el párroco de la Catedral, negro como un azabache y trabajador como él solo, con un ojo puesto en el Cristo de su fe y el otro en aquella muchedumbre del pesebre, chatarra a los ojos del mundo, esparcida a los pies del Niño Dios. Y en el fondo, pastor entre los pastores, también estoy yo, sin báculo y sin anillo, tierra entre la tierra, bombilla con poca luz para mantener el misterio, acercándome hacia el Niño para pedirle al oído por todos los que están y los que faltan, y susurrándole: gracias por haber venido.”







FELIZ NAVIDAD