jueves, 11 de diciembre de 2014

DESAHOGARSE EN INTERNET NO ES DESAHOGARSE, ES AMARGARSE

Una de las tantas consecuencias del uso frecuente de las redes sociales es, ni duda cabe, la falta de interacción entre los usuarios de las mismas, ya que poner una carita triste o una sonrisa con un “me siento…” no es exactamente la forma más apropiada de interactuar en sociedad, pese a ello tenemos a dos generaciones que expresan todo tipo de pensamientos, sentimientos, temores, tristezas y frustraciones mediante las redes sociales, esto no conlleva nada malo en si mismo puesto que muchos encuentran en estos espacios una extensión de su propia personalidad o como una palestra para hacer escuchar su voz.

Lo llamativo de esto es que poco a poco vemos a una sociedad sumergida en las redes sociales, con miles de amigos o seguidores en sus sitios webs pero a la vez inmersa en la más profunda de las soledades, donde hablar y compartir ya no son necesarios, coexistimos en una sociedad que vive con miedo y del miedo, donde es preferible quedarse en la “seguridad” de una computadora o un celular antes de arriesgarse a salir al encuentro del otro, del prójimo.

Cuando una persona pasa por momentos difíciles en su vida como ser: perdidas de algún ser querido, rupturas amorosas, problemas laborales, etc., lo primero que hace es buscar a su circulo cercano, familiar o de amigos para expresar sus sentimientos y pesares y de esta manera desahogarse del conflicto o la carga que puede llegar a tener en su corazón, esto se da porque aquellas personas del circulo intimo son capaces de guardar prudente silencio y también brindar sabios consejos.

Estos pasos de catarsis emocional tienen su razón de ser, ya que mediante este proceso de sana interacción emocional de escuchar, hablar, aconsejar y volver a escuchar es donde el ser humano puede mostrarse totalmente vulnerable sin reproches o intimidaciones, es ahí donde realmente se desahoga de sus cargas emocionales y construye empatía, es ahí donde somos reconocidos como verdaderos seres humanos por el prójimo, solo de esta manera es que podemos llamarnos seres sociales, lamentablemente este proceso poco a poco se ve truncado por la irrupción de la redes sociales que si bien simplifican la comunicación entre sus usuarios a la vez también los alejan, esta rara paradoja se debe a que la mencionada simplificación de la comunicación también trajo consigo una simplificación de la expresión, hablar ahora es sinónimo de “chatear” cosa que no es lo mismo ya que el ser humano necesita desesperadamente a alguien que los escuche y escuchar implica varias cosas, no solo oír, sino también mirar y descifrar expresiones faciales, de  ojos, etc.,  escuchar es mucho más que ver una simple carita triste enviada al chat, pese a ello nos encontramos con casi dos generaciones que se expresan casi en su totalidad mediante las redes sociales, lo triste es que sus penas, dolores y tristezas al ser encasilladas en un “estado” de Facebook o de WhatsApp no construyen empatía ni asertividad, solamente generan pena y la pena desaparece al apagarse la computadora o al desactivar el celular, la pena no construye acción ya que es inerte y tiende a atenuarse con el paso del tiempo.

Desahogarse en las redes sociales no funciona como desahogo, pero si genera una especia de comportamiento compulsivo de hacer saber a todos sus “amigos” o “seguidores” que se sienten mal, que están tristes y que se sienten solos, la necesidad de expresar sus pesares en las redes sociales poco a poco se vuelve casi adictivo, ya no se busca un desahogo emocional, por el simple hecho que mediante las redes sociales no se puede lograr esto, solo buscan dar pena o llamar la atención, o buscar un simple “like” a sus publicaciones, sin darse cuenta construyen un comportamiento obsesivo compulsivo de quejarse y quejarse lo cual conlleva la construcción de una especie de coraza alrededor de uno mismo la cual impide que otro pueda entrar a su vida.

El dolor, la tristeza, la desesperación son sentimientos comunes y típicos que acompañan a la humanidad desde un principio, estos aunque a veces parecen destructivos tienen su razón de ser y es que mediante estos alcanzamos lo que llamamos madures y temple, sin estos no podríamos realizarnos como seres humanos, pero para lograr ello es necesario la compañía cercana del prójimo, del otro, del familiar o amigo que escuche y comprenda lo que sentimos y anhelamos, las redes sociales por muy eficaces que sean a nivel de comunicación jamás podrán remplazar el exquisito arte de escuchar y de hablar.


El que tenga oídos que se ponga a escuchar y que deje de chatear……