martes, 30 de abril de 2013

LAS JOYAS DE LA VIRGEN

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo:


dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre (Lucas 1:46-55)



En el transcurso de estas últimas semanas varios templos e iglesias  sufrieron robos de varias piezas valiosas, no solo por su valor económico sino por su valor histórico, el caso más renombrado es sin duda la sustracción de varias joyas en el Santuario de la Virgen de Copacabana, el cual genero indignación entre los creyentes y no creyentes, datos extraoficiales señalaban que dichas piezas podían venderse en el mercado negro por la suma de dos millones de dólares, no cabe duda que tanto dinero fue la tentación final que llevo a la sustracción de dichos objetos, lastimosamente el resplandor del oro siempre tiende a cegar la razón humana.


Vestir con joyas caras y vestimentas ostentosas a la imagen de la Virgen de Copacabana tiene su sustentación dentro de lo que se viene a denominar “religiosidad popular”, en la mente de los fieles se piensa que mientras más riquezas reciba la Virgen más bendiciones recibirán, en este sentido año tras año muchos creyentes van donando valiosas joyas de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas para que sean lucidas por la imagen de María, ¿pero será esto lo que querrá realmente María la madre de Jesús?, para empezar la joven adolescente que dio a luz al Cristo pertenecía a la clase pobre de su época, no conocía de joyas ni de vestimentas valiosas, pero si conocía de trabajo arduo y sudor, entonces porque la insistencia de llenarla de riquezas y honores que ella misma jamás pidió?


La religiosidad popular es sin duda una forma de expresión de Fe muy compleja, no solo refleja una visión cristiano – católica sino que conllevan varias creencias precolombinas las cuales se fusionan en una vivencia religiosa la cual muy difícilmente concibe a María la madre de Jesús como una persona humilde y sencilla, por el contrario la ven como una deidad que en determinadas circunstancias hasta puede llegar a ser vengativa y celosa a la cual para aplacar estas reacciones es necesario llenarla de oro y plata en retribución a determinados favores pedidos, en este sentido el cariño de los feligreses hacia la Virgen se mide muchas veces en razón de las joyas regaladas hacia su “Mamita” de Copacabana.


Desde el puto de vista Cristiano  la veneración hacia María no necesita joyas de oro o plata, ni vestimentas ostentosas, el mayor regalo que se le puede dar a la Virgen es simplemente seguir a Jesús, hacernos carne de su palabra y seguir su camino, de igual manera una vida en coherencia es mucho más valiosa que miles de dólares invertidos en ornamentos innecesarios y es que el oro siempre oscurece lo mejor de los sentimientos humanos, en este sentido tantas joyas y lujos están demás ya que por lo general la entrega de estos “regalitos” a la imagen de María siempre van ligados a fiestas y “prestes” donde el consumo indiscriminado de alcohol es una triste constante.


María no necesita de oro y de joyas las cuales muchas veces se convierten en tentación de poder, ostentación, codicia y envidia, solo necesita de corazones dispuestos a seguir el camino que su Hijo Jesús no dejo, lo demás simplemente esta demás.