lunes, 17 de septiembre de 2012

NO HAY AMOR SIN DOLOR SIN TEMOR

El sufrimiento, el dolor, la angustia y la desesperación, forman parte del diario vivir del ser humano y es que sin ellos no podría existir la felicidad plena, no se crece sin dolor, no se ama sin dolor, estos sentimientos acompañan al hombre desde sus inicios no para destruirlo sino más bien para templarlo.

Existen varias formas de sufrimiento que van desde lo físico hasta lo espiritual, ambos siempre van a estar presentes a lo largo de la historia humana; con el pasar del tiempo la humanidad toda ha buscado de todas la maneras posibles alejar al dolor de su vida y existencia, para ello por siglos el hombre a buscado infructuosamente alejarse de el, muchos creyeron que con la obtención de cosas materiales el sufrimiento simplemente desaparecería, otros buscaron en las religiones naturales la solución o el remedio para apartar el dolor se su existencia, pero por más que se trate este no se ha apartado ni por un segundo de la vida humana por el solo hecho de que el dolor esta ligado intrínsecamente a la vida misma.

Miedo y dolor también son constantes en las Sagradas Escrituras, uno de los libros más sobrecogedores del Antiguo Testamento justamente trata de esto, me refiero al LIBRO DE JOB, en el cual encontramos a un siervo de DIOS siendo tentado por el demonio, como resultado de ello Job se encuentra no solo cuestionado su propia FE sino que siente en carne propia tanto el sufrimiento físico como el dolor espiritual, incluso culpando a Dios mismo por todo su dolor, sufrimiento y miedo, de igual manera encontramos a JEREMIAS, el mimo que es considerado como una prefiguración de JESÚS mismo, humillado, flagelado, encarcelado El Profeta no solo sintió miedo, sino también sufrimiento y dolor al ver como su pueblo le daba la espalda a su Señor y se burlaban de su mensajero, en si se puede afirmar que todos los profetas veterotestamentarios sintieron miedo en varias oportunidades y de igual modo padecieron tanto sufrimientos físicos como espirituales.

“Mi alma esta triste hasta el punto de morir” de esta manera Jesús comienza uno de los episodios más duros de su predicación, EL, en el Huerto de Getsemani se encuentra a si mismo lleno de miedo, dolor, angustia, tristeza y dudas, para muchos siquiera pensar en un CRISTO con miedo y angustia resulta inaudito, inclusive para los propios discípulos el sacrificio de su maestro no se encontraba ni remotamente entre sus planes a pesar de los varios anuncios de su pasión en propia boca de Jesús.

El miedo y el sufrimiento de Jesús a pesar de ser profundos se distinguen de los padecimientos de los profetas del Antiguo Testamento porque este si bien tiene una base humana al ser también divina se convierten en instrumentos de salvación, es decir el miedo y el sufrimiento del Mesías en su pasión tienen un carácter “salvifico” ya que mediante ellos el ser humano es redimido del pecado y encuentra su camino de salvación. El ser humano por si solo jamás habría podido reencontrar el camino para que fue creado, la felicidad por si sola nunca le seria dada si no fuese a través del miedo y el sufrimiento de CRISTO, no por el hecho de sufrir por sufrir sino que lo hace por AMOR, solo de esta manera se puede entender toda la entrega y el dolor del Mesías

La humanidad no puede quedarse ajena al sufrimiento y al miedo, pero dejarse vencer por estos lo condenan al fracaso y al pecado, Jesús mismo nos da las pautas para vencer al dolor, en primer lugar la oración sincera y en segundo lugar hacer del AMOR el escudo y la fuerza para pasar el trago amargo con FE y esperanza, de lo contrario seria sufrir por sufrir y llorar por llorar, en ello no hay salvación solo lastima y amargura. Por todo esto no podemos olvidarnos del valor salvifico del miedo y del dolor si son vividos con AMOR, no podemos encasillarnos simplemente en un Cristo Liberador o en un Mesías milagroso o poderoso, nuestro camino de FE siempre va a estar lleno de miedo y dolor ya que nosotros no podemos ni pensar en alcanzar el camino de salvación siendo ajenos al camino de Cristo que es el de la cruz.

No hay AMOR verdadero sin temor, sin dolor, de lo contrario nos encontraríamos con un mero espejismo vacío y sin valor