lunes, 18 de enero de 2010

LA TEOLOGÍA EN EL SIGLO XXI


La teología de la liberación, es sin duda el aporte teológico mas importante en el siglo pasado, concebida en Latinoamérica a raíz de las injusticias y continuos atropellos a los derechos humanos por parte de los regímenes dictatoriales imperantes en la segunda mitad del siglo XX; tremendamente criticada y atacada por la jerarquía eclesial por considerarla contraria al magisterio de la iglesia, y por promover una conciencia social hacia los mas desposeídos, emparejada con el marxismo y con los movimientos subversivos que peleaban contra los gobiernos dictatoriales de la época, la Curia Romana, le puso el sobrenombre de “Teología Marxista de la Liberación”, y la llamaron enemiga de la evangelización en América Latina.

Si bien, algunos teólogos de la liberación utilizaron al marxismo para el análisis de la realidad social, económica y política, es el Evangelio y la empatía de Jesús por los pobres y sus necesidades el pilar fundamental de la teología de la liberación; por ende las criticas anteriormente descritas resultan injustificadas desde el punto de vista teológico, vasta para ello leer, Lc.6, 20-26; lo que hace pensar que la condena por parte de la jerarquía eclesial fue mas política que teológica.

A principios de los años 90 la totalidad de los países sudamericanos ya contaban con gobiernos democráticos, lo cual genero nuevas preocupaciones en la sociedad civil, el fenómeno de la globalización, el individualismo, hedonismo, la comunicación, etc., fueron factores preponderantes en la década final del siglo XX; si bien la teología de la liberación jugo un papel importante en el retorno a la democracia en los pueblos latinoamericanos, la falta de interés de las nuevas generaciones y la aparente paz social que se vivía en el continente, hizo que no surgieran nuevas propuestas dentro de dicha teología, hecho que fue abiertamente aprovechado por el vaticano, para tratar de erradicarla de Latinoamérica, a finales del siglo XX, las luchas habían cambiado, y los teólogos de la liberación seguían siendo los mismos, siendo el mas prolijo de ellos Leonardo Boff, el cual empezó a interesarse por la ecología y el cuidado del medio ambiente.

Ya entrando a pleno siglo XXI, surge en Latinoamérica un cambio radical de la conciencia social, los gobiernos tradicionales de derecha son derrocados en las urnas, por una nueva forma de hacer política, con ideologías de izquierda, mas cercanas a las necesidades de los pueblos, Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Chile y Uruguay optan por este cambio; si bien la transición muchas veces trajo consigo luto y muerte (como ejemplo, en Bolivia, la llamada guerra del gas, que termino con la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, causo mas de un centenar de muertos), esta genero una nueva visión e ideología propia latinoamericana, mas cercana a los pobres y sus necesidades, con luces y sombras el continente camina hacia su liberación total de los organismos internacionales, que históricamente hicieron lo que quisieron con nuestros recursos e ignoraron nuestras carencias.

Como vemos, las necesidades de nuestros pueblos han cambiado radicalmente, como también cambiaron los peligros que los asechan, ya no tenemos dictaduras militares ni golpes de estado (salvo los acontecimientos de Honduras), ahora nuestra sociedad se encuentra con una forma mucho mas sutil de abusos y violaciones, lo cual en ningún momento las hace mas leves, sino mas bien todo lo contrario, resultan ser mas peligrosas para la digna convivencia humana; llamaremos a estas amenazas “redes de pecado”, las cuales se enmascaran de diferentes formas, como ser trasnacionales, consorcios, sociedades anónimas, etc., estas organizaciones tienen como principal atribución su inmenso poder económico, el cual traspasa fronteras, ideologías, inclusive pueden comprar gobiernos y leyes, siendo su único fin el lucro desmedido en desmedro de los mas necesitados; ejemplos hay varios, las trasnacionales que se dedican al negocio de los medicamentos, las cuales se enriquecen con la venta de sus fármacos, muchos de ellos, raramente únicos en la eficacia contra enfermedades extrañas y de reciente data, como la gripe aviaria, o la famosa gripe porcina (AH1N1); los consorcios que se dedican a la privatización del agua potable, tiene en su poder una gran cantidad de recursos hídricos, lo cual hace que la obtención del liquido elemento en muchos países sea casi inaccesible por su elevado costo; lo mismo ocurre con los grupos de inversiones, que controlan gran cantidad de bancos, industrias, etc., manejando la economía mundial a su gusto y antojo, dejando caer de cuando en cuando una crisis económica mundial, para su propio beneficio; y así se podría dar un sin fin de ejemplos de estas “redes del pecado” que lastimosamente cada vez son mas fuertes e influyentes en este mundo globalizado.

Los tiempos han cambiado, pero lo que no ha cambiado, es mas, dista mucho de cambiar, es la situación de los pobres y marginados, los cuales siguen siendo los mas desprotegidos en la sociedad civil, es por ello, que la teología de la liberación, la cual sirvió con creces al pueblo oprimido latinoamericano, tiene y debe de tomar nuevos retos, nuevos bríos, para afrontar este nuevo milenio, para seguir liberando al Pueblo de Dios, de la opresión y la pobreza.

Uno de los primeros desafíos de la teología  para este nuevo milenio es sin duda el cambio climático, y las consecuencias desastrosas que esto conlleva, en especial en los países mas pobres, la escasez de agua potable, la polución del aire, los fenómenos naturales (huracanes, tornados, tormentas, etc.) que embaten no solo a nuestro continente, ya que el fenómeno tiene un carácter global, tiene que tener una férrea respuesta de los teólogos de la liberación; pues el ser humano vive en el seno de de la tierra misma, no se desarrolla a parte de ella, y por ende el destino de este va ligado al del planeta, en Gn 1,1, Dios creo al cielo y la tierra, en el tercer día, el numero tres significa, unidad, familia, trinidad, por ende Dios crea una unidad entre el mismo, su creación y el ser humano, esta no es una visión panteísta ni pagana, Dios se manifiesta también en su creación, y le da el deber a su criatura (ser humano) de cuidarla; lastimosamente esto no esta ocurriendo, las redes de pecado tratan de hacernos creer que el cambio climático, el calentamiento global, son una fantasía, o en todo caso, las responsabilidades son diferentes, el fracaso de Copenhague es reflejo de ello, los países pobres tienen que aunar esfuerzos para controlar la emanación de gases tóxicos, mientras que los poderosos no se inmutan con el tema; es como si una familia pobre tratase de limpiar su patio todos los días, pero los vecinos del condominio de alado, día a día les echen basura encima; es hora de que los pueblos se liberen de este peso ajeno, y empiecen a organizarse para una lucha verdadera y frontal contra el cambio climático, y contra quienes lo provocaron; debiendo ser la teología de la liberación luz para ayudar a entender la magnitud del problema, ya que somos uno, entre El Creador (Dios), la creación (nuestro planeta) y la criatura (el ser humano).

La deforestación desmedida, la privatización de los recursos hídricos, la venta y utilización de pesticidas, herbicidas, etc. en la producción agrícola, los alimentos tras génicos, son temas preocupantes, ya que cada vez mas, de manera abusiva se nos impone tarifas elevadas en el tema del agua (el agua es un derecho humano, no un privilegio de pocos), se destruye inmensas cantidades de selvas y bosques, rompiendo el equilibro ecológico, para solventar el equilibrio económico, y se produce indiscriminadamente alimentos tras génicos, los cuales no son solventados con estudios serios sobre un futuro efecto en seres humanos, y ni que decir de los pesticidas y herbicidas, que contaminan no solo la tierra, sino también el agua, claro ejemplo de ello, son las Antillas francesas, donde la contaminación a causa de los pesticidas durara por lo menos 300 años.

En el aspecto económico, la lucha por la liberación del capitalismo lacerante es todavía mas difícil, la posesión y administración de recursos en manos de pocos, sigue siendo el gran problema, las grandes trasnacionales bancarias, petroleras, de bebidas, automotrices, etc., siguen teniendo para si, el poder de decisión de la economía mundial, y mucho mas hoy en día, con la sociedad globalizada en la que vivimos; el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caridad en la Verdad señala que es necesario la creación de una autoridad política mundial que vele por la gestión económica global, para evitar que la crisis pasada se vuelva a repetir.

En el ámbito eclesiologico, es necesario empezar a formar una nueva conciencia de “Iglesia”, los primeros pasos ya fueron dados con las comunidades eclesiales de base, es necesario fortalecer estas y que su vivencia de Dios traspase dichas comunidades hacia la sociedad en su conjunto, urge la concientización de la sociedad, de que todos formamos parte del “PUEBLO DE DIOS”.
Para revitalizar y fortaleces con nuevos bríos, y nuevas ideas a la teología  en el siglo XXI, es preciso entender, que los tiempos han cambiado, y que el actor principal dentro del Pueblo de Dios, debe y tiene que ser el laico; el laicado debe tomar la posta que brillantemente por décadas fue sostenida por teólogos de la talla de Leonardo Booff , Gustavo Gutiérrez o el alemán Hans Kung; al ser los nuevos ideólogos de la liberación laicos, la sociedad civil se vera identificada con ellos, y por ende su credibilidad crecerá, en especial entre los mas jóvenes.

La utilización de los medios de comunicación son vitales para hacer escuchar nuestra voz, la Internet tiene que convertirse en nuestro aliado principal para la propagación de la Teología del siglo XXI, las redes sociales, los blogs y paginas webs, deben ser debidamente organizadas, para construir una RED de tamaño continental y porque no, a nivel mundial, levantando nuestra voz contra las injusticias, la pobreza, la discriminación, a que son sometidos constantemente nuestros pueblos.

Las luchas de la segunda mitad del siglo XX han cambiado, ahora los desafíos son mayores, y las victimas siguen siendo las mismas, los pobres, las “redes del pecado” que solventaban a los gobiernos dictatoriales en nuestro continente han encontrado nuevas formas de someternos y esclavizarnos, es hora de levantar la voz, de crear redes de esperanza y de liberación, ya que mientras Dios este con nosotros, ¿Quién contra nosotros?


Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios.